Month: August 2013

El acoso, lo más cercano a una sociedad fascista.

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Imagen extraída de Google Images

El acoso, es una de las conductas despreciables que ha cobrado fuerza en los últimos años más aún en sus variantes cibernéticas; no hacen sino crear un ambiente antisocial en las relaciones cotidianas de las personas ante el desgaste psicológico al que se somete a la víctima y fomenta un clima de absurda desconfianza sin importar con quién se converse o cuanto se conozcan. Si es habitual que algunas personas estén alertas ante conductas sospechosas, la presencia del acoso diluye por completo la posibilidad de tener vínculos respetuosos y auténticos en todos lo niveles de la sociedad.

 La razón, si se le puede atribuir una, de los acosadores para hostigar a otros radica en el morboso deseo de dominar a una víctima, mediante la vejación e intimidación sistemática llegando al punto de considerarlo un hábito “placentero”; esto vendría siendo un reflejo de aspectos negativos de nuestra cultura que delimita el mundo entre débiles y fuertes en que los segundos deben obligatoriamente someter a los primeros. Se nos enseña que la historia humana es un conflicto eterno entre estos dos polos, así se trata de reducir un rasgo nefasto que solo perpetúa una conducta dañina.

 Si se observa con atención, es común que en la mayoría de las sociedades siempre se construya una figura que encarna sus valores y mentalidad atribuyéndole una fuerza superior necesaria para lograr un fin, conquistar una meta pero siempre sostenido en la idea de que este nunca será subyugado no podrá ser reducido para quedar a merced de otro, jamás será un débil. Curiosamente esta figura que tenia como fin mantener en alto la autoestima de las sociedades se terminó manipulado con los más perversos fines, en especial en el aspecto político que justifica un uso desmedido de la fuerza para atormentar a sus miembros quedando esto evidenciado en los gobiernos tiránicos.

 En vista del error se opto por construir sociedades “abiertas, plurales y respetuosas de la diversidad” creyendo que con esta medida se reduciría la perniciosa idea que el “fuerte esclaviza al débil”; sin embargo desde el siglo pasado demasiados sabios han determinado que un cambio de modelo no desaparece este tópico, solo le ha dado nuevas herramientas y objetivos con los que seguir destruyendo la sanidad que debe existir en las relaciones humanas. Ahora los bandos antagónicos ya no son débiles y fuertes, sino pobres y ricos, perdedores y ganadores, superiores e inferiores…diversos nombres que representan una enfermiza realidad.

 ¿Por qué el acoso se le debería considerar bajo estos criterios?, ¿no se le podría interpretar más como un problema individual o de crianza del individuo?, ¿será imposible construir una sociedad sin una relación conflictiva?; hay que tomar en cuenta que mientras se viva en sociedad sus miembros son influidos por ella, heredan sus valores y participan en su dinámica; ninguno de sus miembros esta totalmente aislado puesto que la misma realidad que le rodea moldea su percepción. Toda sociedad llama nuestra atención por algún detalle o suceso, incluido en sus aspectos más negativos. Pese a que la educación del hogar y escolar pueden corregir aspectos nocivos en el futuro del individuo, la misma sociedad debería librarse de rasgos contradictorios o rechazables a fines de no entrar en contradicción con sus propios valores, lamentablemente esto ha sido una utopía más que un hecho.

 Actualmente el acoso, apoyado en la tecnología digital, arremete contra la sociedad de forma alarmante; sus víctimas no necesariamente responden a un perfil especifico pueden ser cualquier persona y en la mayoría de los casos cuenta con la colaboración indirecta de otros quienes simpatizan con las acciones de los acosadores. Las redes sociales son su nuevo ambiente para encontrar víctimas a quienes martirizar, han diversificado sus hábitos y pueden extender su hostigamiento más allá de su entorno social.

 Los afectados por este flagelo, siguen sintiéndose desamparados recurriendo al silencio para no tener más problemas creen que si exponen a su acosador solo prologarán el tormento; otros en cambio prefieren defenderse del hostigador por su cuenta protagonizando episodios de violencia que no permiten resolver el problema y desvían la atención sobre sus causas, esto quizá explique el surgimiento de muchas reyertas y asesinatos en escuelas, espacios públicos o entornos laborales. En este caso la víctima no soporta el acoso prefiriendo resolver el conflicto con el victimario de forma directa llevado por la rabia y la sed de venganza.

Lo más deplorable del acoso es la complicidad. Los acosadores cuentan con aliados quienes también martirizan a la víctima ya sea por encargo de un “líder” o por cuenta propia, de estos cómplices también se incluyen los que apoyan al acosador indirectamente, por ejemplo, aquellos que se hacen eco de las difamaciones creadas por el victimario, los que insultan al acosado, los que celebran las agresiones del acosador, o los que simplemente no hacen nada. En este último punto muchas autoridades se vuelven colaboradores del acosador al no actuar cuando ya es evidente que algo no anda bien. Algunas escuelas, terminan siendo investigadas por la inacción de su personal quienes llegan a excusarse de que no actuaron por no comprometer la imagen del plantel.     

 Otro aspecto tenebroso del acoso es el hacer negocio con el dolor de las victimas, los litigios legales que surgen por este flagelo se resuelven mediante acuerdos para compensar económicamente a las victimas quienes ceden ante los gastos que conlleva un juicio, o porque el sistema legal no contemplan medidas más contundentes. Muchos abogados suelen especializarse exclusivamente en este tipo de casos motivado por las ganancias que produce un litigio por acoso. En otras, es el acosador quien compra el silencio de la victima para que no lo denuncie, prometiéndole no molestarla más.

 Al parecer a la sociedad se le olvida que quienes son acosados se les ha vulnerado sus derechos, su estabilidad mental y emocional, se les destruye su autoestima para convencerles de que no son nada. Se les esta privando de su legítimo deseo de vivir en paz y ser respetado por todos sin excepción, el tolerar el acoso es atentar contra las bases de una sociedad libre y de igualdad dejando desamparado a los afectados. El acosador ante la ley es un delincuente al violar los derechos de los demás, si se le premia sus faltas ¿Qué garantías se tiene de que no cometerá otros delitos?; la sociedad permitiendo esta conducta termina aceptando el fascismo como modo de vida: entiéndase esto como una relación de opresor y oprimido, donde el primero tiene poderes absolutos para disponer de la vida del segundo, una posición egoísta que deshumaniza al hombre.       

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x.

 

 

                  

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