Month: July 2013

El surgimiento de Internet “Wanna Be”.

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    Imagen extraída de Deviantart.com

Se podría creer que la simplificación de las tecnologías detrás de Internet ha permitido tener a internautas más hábiles en el manejo de la información a la cuál tiene acceso. La descentralización de la red y la adopción de medios móviles junto a las redes sociales nos hacen pensar que es así, creemos que entre más fáciles de utilizar sean estas nuevas tecnologías, somos más perspicaces para interpretar la realidad que subyace sobre la información que recibimos. Pero, existe una pregunta obligatoria: ¿ser hábiles en el manejo de estas herramientas nos hace competentes a nivel informacional? Eso es algo que valdría la pena dilucidar.

 La gran promesa del surgimiento de Internet es el de contar con ingentes cantidades de información cuyo impulso sería el conocimiento; la web permitiría motivar el interés explorativo de los internautas para encontrar lo que necesitara a fines de enriquecerse intelectualmente y participar en su construcción colectiva. Internautas creativos y autosuficientes serían colaboradores activos de la perfectibilidad de la red, tendríamos nuevos proyectos no centralizados que generarían beneficios, oportunidades de economías virtuales abiertas que estimularían la imaginación y colaboración de si mismos.  A parte de lo anterior, tendríamos un internauta menos impulsivo al recibir la información, dado que desarrollaría el suficiente criterio para identificar la autenticidad de la misma; en pocas palabras, un internauta equilibrado.

 La realidad dista mucho de encajar en este ideal de la red, existe la tendencia a convertirse en meros “usuarios finales” al no profundizar sobre la naturaleza de la red. Por lo tanto, no parece importar saber las implicaciones que tiene la red sobre su propia existencia ni aprender nuevas habilidades que le permitan salir de esa condición. Podría creer que el resolver un simple problema con solo consultar en la red lo vuelve más diestro, cuando la realidad es que sólo solventa un hecho puntual, sin trascender más allá de esto. Ni siquiera esta el interés  por saber sobre las implicaciones socio-políticas que la red tiene en su cotidianidad y de la necesidad de conservar la apertura de la misma mediante su participación crítico-constructiva, nada de esos temas son relevantes, el único verdaderamente importante es la de satisfacer la instantaneidad informativa que impera en la actualidad.

 Estamos frente un Internet opuesto al que se diseñó, un Internet que etiquetaremos “Wanna Be”. La principal característica de éste es tener internautas atrapados en un “comportamiento binario”: funcional-lúdico de la red:

  • Funcional,  porque el usuario exclusivamente sabe manejar lo básico de la red y de cualquier medio para conectarse a la misma (redes sociales, programas ofimáticos, navegadores…) no trasciende más allá de esa posición, cumple una función determinada condicionada por la sociedad, por su entorno laboral, o por sí mismo y así será como “entenderá” la red.
  • La parte lúdica, radica en la búsqueda irrefrenable del placer sin límites con cualquier contenido o servicio atractivo que encuentre en la red, lo cuál lo aleja (progresivamente) de desarrollar una opinión propia de Internet.

 Lo penoso de esta situación es que la salida más fácil para los usuarios “Wanna Be” es el buscar un culpable de su situación; nunca se ha pensando (o interesado) que es su responsabilidad el profundizar sobre el tema. Para ello, debe cambiar los hábitos que tiene arraigados y “liberarse” de esa desventajosa posición. La circunstancia que debe enfrentar es la misma educación que sobre la red ha recibido que aún mantiene esa visión binaria anteriormente descrita; ya son varias generaciones de internautas atrapados en esa concepción de la tecnología y aunque lentamente se va cambiando en muchas sociedades esta percepción, todavía se ve lejos una transformación radical.

 La sociedad de la información, manteniendo este modelo ha creado “apáticos cibernéticos” que económica y políticamente resultan beneficiosos para intereses inescrupulosos, pero terminaran siendo un factor de atraso para toda la sociedad. El triste éxito que mantiene el cibercrimen no se debe a que los malhechores sean más inteligentes, sino que tienen a internautas inexpertos que fácilmente caen en sus trampas y roban su información, todo por causa de esa “apatía cibernética”.

 No se ha creado la suficiente conciencia sobre la importancia de cuidar la información personal, ni mucho menos en la llamada “Social Web” en donde circulan cantidades de datos personales por descuido del mismo internauta; nadie puede exigir y culpar a algún servicio de mal utilizar su información si es el internauta quien ha cometido el error de suministrar informaciones en sus servidores sin verificar cuáles son los riesgos. Lo más grave del caso es que cada día dependemos más de estos servicios, centralizando nuestra vida social y trabajo, nos acostumbramos a ellos, cerramos la puerta a la posibilidad de encontrar otras opciones más didácticas.

 Ya que hablamos de la “Social Web”, esta se presenta como la gran novedad dentro de la red; sin embargo lo único que ha conseguido en muchos aspectos es mantener el “comportamiento binario”. Dentro de ellas se reproduce lo que llamaría la “egonomía”, es decir, realzando lo efímero del ego de cada internauta se rentabiliza estos servicios, así un internauta incauto que cree que esta mejor comunicado e informado por este tipo de web termina subutilizando el potencial oculto de ella, porque vive distraído con contenidos intrascendentes atiborrándose de cosas innecesarias que no le permite desarrollar un espíritu colaborativo para el desarrollo de la  red.

 Con internautas inconscientes de su necesario papel protagónico, los servicios que confluyen en la “Social Web” pueden disponer de la información de todos y protegerse de cualquier reacción argumentando que “usted aceptó usarlos tal como estaba”; ¿esto garantiza transparencia en el manejo de nuestro información?… solo hemos cedido nuestro poder por no ser perspicaces.

 ¿Qué otras consecuencias tienen esta situación?, tenemos internautas poco preparados para interpretar la información, distinguirla, diferenciarla y clasificarla y esto termina siendo complejo para muchos por lo que prefieren quedarse en fuentes “conocidas” agrupando su visión del mundo a través de la red, un ejemplo a citar es las constantes quejas de los maestros y profesores que al pedir una investigación sus alumnos terminan consultado la misma fuente sin analizar la información recibida.

 Al no tener una formación escolar más profunda de la red es común dentro de los jóvenes invertir su tiempo en los juegos en línea que en desarrollar herramientas para tener un mejor Internet, los potenciales creativos se pierden con distracciones efímeras que muestran una acusada tendencia a mantener relegados a los internautas más jóvenes. Una forma de mantenerlos “activos” y ocupados, más no preparándose.

 La única manera de cambiar este panorama no es nada más, aunque suene irónico, informándose es también debatiendo sobre lo que realmente es importante de la red e involucrándose, equilibradamente, en el estudio de esos puntos controversiales que afecta la naturaleza abierta de la red. Ya no se puede seguir ignorando el papel relevante que tienen el internauta en la construcción de una Internet meritocrática y que realmente aprecie el conocimiento; el espíritu explorativo debe ser la “norma” dentro de los internautas para evitar el “conformismo digital”.   

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x.

Nota: Agradecimientos a mi ciberamigo Dr Jorge Lizama y su blog, cuyo trabajo permitió la redacción de la presente entrada.

El mundo reducido a una pantalla.

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¿Nuestro progreso técnico nos esta alienando?-Devianart.com

En el siglo pasado, ante la presencia de la televisión y los primeros pasos de la “multimedia” muchos intelectuales preocupados de la influencia de estos nuevos actores en la vida social humana, dedicaron buena parte de su vida al estudio de los mismos. A las conclusiones que llegaron, nos vaticinaban un mundo desconcertante: la especie humana ya no seria una especie que entendería el mundo a partir de sus sentidos y experiencias, sus sentimientos serian enfocados a cosas de valor simbólico de características irreales, el entendimiento subjetivo de la realidad seria seriamente condicionado por terceros quienes “le presentan” aquello que quiera conocer, una humanidad deformada y alterada hasta sus últimas consecuencias a causa del enorme poder de la tecnología, especialmente de las telecomunicaciones, quienes modelarían el mundo o la interpretación de él conforme las necesidades sociales. En pocas palabras una humanidad más dependiente de elementos todopoderosos, ubicuos, cuyo centro referencial no seria la materia, sino la virtualidad.

Parte de estas conclusiones parecen que se volvieron reales en muchos aspectos, el surgimiento de Internet nos facilita que cualquier duda nos sea resuelta brevemente más aún si hablamos de su extensión por medio de la tecnología móvil. La información es la realidad y quien no la tenga esta en desventaja, el tiempo real no es algo que podemos comprobar estando en el sitio sino a través de máquinas que presumimos son confiables, le creemos a ellas porque nos sirven. Pasamos más horas interpretando millares de estímulos provenientes de una pantalla y nunca pensamos si en verdad todo eso parte de una causa honesta, el mundo nos parece demasiado difícil por lo que averiguar la vida ajena se ha vuelvo un placer morboso que calma nuestras angustias. Si esto le parece exagerado, solo vea de donde radica buena parte del éxito de las redes sociales; millares de personas en este instante viven distraídas cuestionando las actividades ajenas aún cuando sea un hábito efímero.

Infinitas fuentes de información están a nuestra disposición provocando la descentralización del conocimiento y sin embargo parece imposible aceptar que todo eso no depende de nuestro esfuerzo, sino de terceros que crean herramientas no físicas para el “beneficio colectivo” pero sin admitir que todo es en función de sus intereses, de criterios ajenos que determinan como debe funcionar la sociedad dejando de lado la participación de ese “colectivo a quién buscan satisfacer” ¿esto es exclusión? no, solo se trata de ceder nuestro poder a otro con más medios para resolver nuestras necesidades, así no tenemos que esforzarnos tanto porque esa entidad invisible puede hacer eficientemente algo que nos costaría mucha dedicación; exponiéndonos al fracaso.

 Muy pocos parecen advertir que ya se materializó una matriz, intangible que sustituyó la realidad que hasta el momento creíamos única. Un submundo superpuesto en nuestra realidad sensitiva participa en nuestras vidas, su presencia es psíquica e hiperreal, quizá demasiado, pero esta allí. No ha tomado conciencia todavía porque el ser humano apenas si esta entendiendo como funciona esta entidad, hay niveles del conocimiento técnico que se requieren acceder para darle vida ha esa matriz y poder interactuar con ella como si fuera un ser vivo.

Algunos científicos creen que la inteligencia artificial sería el “alma” de esa matriz, el mejor medio para lograr relacionarnos con ella empero, la duda y el temor nos asalta ¿aceptaría seguir siendo nuestro sirviente como siempre ha sido?, ¿encabezaría una rebelión?, ¿simplemente se resignaría?, o ¿no pasaría de ser una precipitada mala interpretación de algo irreal, que nunca existió, una mera especulación? La ciencia ficción y los científicos concuerdan que las máquinas en los años venideros podrán igualar o superar al hombre, por lo que nos sustituirían.

 Algunos en cambio, no creen que sea necesario esperar tanto, ya para ellos es un hecho que la humanidad vulnerable y sensible desapareció cuando surgieron los electrodomésticos, los teléfonos móviles, los ordenadores…todo un sin fin de artilugios que utilizamos cotidianamente y con los que nos identificamos como humanos civilizados. Nacidos en un mundo heredado y ordenado por la razón, el cálculo y el conflicto, la incertidumbre del progreso dio paso a la matriz mencionada, ahora este personaje es otro ciudadano más con quién compartimos nuestro mundo, anhelos y sentimientos solo hay que oprimir el botón adecuado para que con sumisa eficiencia cumpla nuestros deseos. Es la era de la posthumanidad, la raza que creció en compañía de esa matriz.

¿Como definir esa matriz?, no es sencillo si nos atenemos que es más bien algo más propio de la filosofía que de la ciencia, definirla requiere subjetividad pero la post-humanidad no es así, se ha vuelto una mezcolanza perfecta donde convergen lo real y la matriz que como se sabe es virtual. Diremos pues que es la consecuencia inconciente del progreso humano, la transmisión de todas las fantasías y anhelos de trascendencia a una máquina intangible quién roba nuestra atención al extasiar nuestros sentidos, una pesadilla existencial en donde ocultamos y materializar algo que nos gustaría ser pero no somos…si seguro pensaría en los avatares de los videojuegos o los “perfiles alternativos” que existen en las redes sociales. Un simulacro en potencia.

En el año de 1989, cuando se dio a conocer las primeras máquinas de realidad virtual, algunos periodistas consideraron que estas tecnologías podrían convertirse en un “LSD electrónico” poderoso capaz de seducir al usuario impidiéndole abandonarla; una idea que muchos catalogaron de absurda porque en aquel entonces no se creía posible… ¿podemos decir lo mismo ahora?, le hago las siguientes interrogantes: ¿es usted capaz de dejar de usar su teléfono móvil?, ¿sus hijos no dejan de pasar largas horas con los videojuegos, cada día más “reales” e inmersivos?, ¿cree usted que la imagen en alta definición es demasiado atractiva que cautiva totalmente su atención?, ¿la realidad aumentada le seduce?… en el fondo quizá todos somos ya adictos a nuestra “droga electrónica personal”

Detrás de toda esta situación ¿cuáles serian las consecuencias? no muy distintas las predichas por los intelectuales del siglo pasado: la identidad lo que nos define como seres únicos en el mundo se esta diluyendo ante un bombardeo intenso de “subidentidades”  prefabricadas creadas por publicistas, creadores de videojuegos y teleseries, estereotipos estéticos mediocres, seudo héroes mediáticos entre otras arquetipos que buscan “avergonzarnos” de quienes somos para convertirnos en algo artificial, en una persona irreal.

 Muchos místicos, de comprobada sabiduría, consideran que en este siglo se libra una batalla entre quienes incuban la inconciencia, la falsificación del ser con propósitos mezquinos y los que buscan crear conciencia, reconciliar a las personas con lo que son realmente que se haya en el fondo de si mismas. Empero,  ¿como saber quién dice la verdad entre uno u otro punto de vista?;  una cosa es cierta: parece que es mucha la gente que no le gusta ser quién es, se ha vuelto costumbre desdoblarse, crear un ego alternativo que refleje lo que no podemos mostrar a otros.

La incomunicación humana aumenta de forma alarmante, es frecuente que a donde quiera que vamos nuestros aparatos adsorban nuestra atención, el silencio tan incómodo que esto genera nos prueban el cambio. Nadie parece gustarle comunicarse de forma “natural” y si lo hace es de forma improvisada haciendo ininteligible lo que se desea decir; muchos niños y jóvenes han perdido la capacidad de relacionarse normalmente fuera del medio digital desarrollando comportamientos antisociales, falta de confianza al tratar de hablar con otros y excesiva dependencia de la tecnología. Muchos padres en parte son cómplices del “deterioro comunicacional” de sus hijos al ser permisivos y descuidados con el uso de las actuales tecnologías.

A pesar de todo lo anterior, el ser humano puede y debe salir de esa situación de exagerada sobrecarga mental. Si no desea terminar en la enajenación más absoluta, se hace necesario desde la infancia crear un criterio crítico y participativo sobre la tecnología y sus consecuencias, así como establecer sentido de la responsabilidad sobre ellas para no sucumbir a la tentación del abuso. Atrás ha quedado esa visión “politiquera” de la técnica, las sociedades que conservan esa idea se sumergen en dramáticos conflictos irresolutos; solo una correcta formación que explore la ética y moral de la tecnología sin limitarse al saber usarla nada más podría frenar tantos efectos negativos que el uso no ético de ella ha ocasionado.

Sin embargo, queda de parte de cada quién remediar voluntariamente los problemas que el abuso de la tecnología puede ocasionar; de lo contrario quedaríamos tan hechizados con nuestros inventos que podríamos ser esclavos de nuestra inconciencia; peor aún, seriamos testigos impotentes de cómo las nuevas generaciones preferirán conocer el mundo por medio de una pantalla, en la más absoluta pereza e indiferencia, sin poder desarrollar pensamientos propios. 

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x.

 Nota: el autor recomienda la siguiente literatura con el fin de profundir este y otros temas que sirvieron para la redacción de la presente entrada.

  • Orellana, José. Los derechos del niño y la salud mental. Caracas, Venezuela. Monte Ávila Editores Latinoamericana, C.A. 1997.
  • Varios autores. La soledad del hombre.Caracas, Venezuela. Monte Ávila Editores, C.A. 1980.
  • Como seremos en el futuro. Artículo de la revista Muy Interesante año 17, número 193.
  • ¿Matrix puede ser real?. Artículo de la revista Popular Mechanics, número 56/11 Noviembre 2003.