A propósito de los programas de talentos.

El manejo irresponsable de los programas de talentos puede destruir la moral de una persona-Google Images

Los llamados programas de talentos tienen como meta encontrar a aquellas personas con un don único que los hagan destacados, en una hipotética profesión artística. Millones de personas en cuya ciudad se presenten algunos de los “jueces caza talentos”, acuden a demostrar sus habilidades para satisfacer sus deseos personales de reconocimiento, fama y ¿por qué no? de labrarse un camino como artista; estos participantes suelen pasar largas horas soportante incomodidades con el fin de lograr ser aceptados para llegar al gran público… salir de ese anonimato que representa una vida ordinaria.

 En pocas palabras, quienes participan van en busca de dar un giro radical a sus vidas; la maquinaria mediática hará el resto, solo hay que convencer al jurado de que se es el “prodigio” a descubrir. Pero, ¿se podría encontrar algo negativo en estos programas? en este punto, lamentablemente, se tiene que responder afirmativamente. Es muy frecuente que en algunos de estos programas los jueces no tengan el respeto debido con los aspirantes ni menos con los que ellos aceptan como participantes; es común que a los primeros si no tienen talento se les desprecie de forma denigrante y más sí estos no encajan en los sofocantes cánones de belleza.

 Los jueces alegan ser “imparciales y objetivos” se escudan en que sus decisiones son personales ajustadas a lo exigido por el programa, esto se acepta siempre y cuando no se humillen a los demás, más aún cuando millones de televidentes ven el programa y se hacen una idea de que tipo de persona es quién participa. Concientes de eso, los jueces abusan de su poder para etiquetar irrespetuosamente a quién no aceptan, se burlan de ellos, menosprecian sus habilidades y por supuesto el público se une mediante las redes sociales o páginas como You Tube para destruir la moral de un aspirante rechazado. Parece entonces que humillar es “bueno”, proporciona raiting y el público esta  contento.

 ¿Y a los aspirantes que son aceptados les va mejor? depende en gran medida que tan buenos son para convencer al jurado, el público si bien influye, no decide. Si algún participante gana la aprobación del público, no así del jurado son ellos los que disponen. Pueden crearse controversias absurdas sobre si un participante tiene o no talento, se harán campañas para apoyarlo, el público coaccionara al jurado empleando todos los recursos, empero esa polémica es parte del espectáculo ni siquiera responde a los criterios “objetivos e imparciales” de los jueces, lo que importa es crear el suficiente dramatismo para volver interesante el programa, tratan que el público crea que esta en una “reñida competencia” entre “grandes talentos”,  como si fuera una teleserie en vez de un programa de talentos.

En estos programas no es del todo cierto que el público es el que decide, se utiliza para medir tendencias de popularidad de un participante y en función de ello se dispone según los intereses de los productores, de forma que encaje en el aspecto dramático construido a lo largo del programa. El jurado, por otro, lado debe evaluar la situación en función a lo anterior y aprobar a quienes encajan en ese perfil casi novelesco, de intensiones épicas por conquistar el cetro del éxito para hacer atractivo el programa. El jurado hasta podría acusársele de secuestrar la voluntad tanto del público como de los participantes, solo se valen del esfuerzo ajeno para satisfacer a intereses superiores a quienes disfrazan de “ser el público” apoltronados en sus sillones.

Ya visto como es el funcionamiento de estos programas, identificando las aristas más evidentes de estos ¿que consecuencias podrían notarse en la sociedad?, lo primero es la pérdida del respeto, con un jurado humillando a los aspirantes no es de extrañar que ellos u otros parecidos sean objetos de burlas por parte de las demás en la cotidianidad; se acrecienta la brecha entre las personas y la convivencia sana que debe existir en una sociedad civilizada se diluye. Las vejaciones televisadas refuerzan ese absurdo mito popular de que “existe un mundo de ganadores y perdedores”; los así denominados “perdedores” no tienen espacio para el éxito por que son “débiles” y la humillación es la manera de recodarle al “perdedor” que es un incapaz sin posibilidad.

El concepto de talento se desdibuja, se supone que tener un talento es algo único que posee cada persona y la distingue de los demás, no es impuesto por fuerzas externas. El talento resalta por si mismo, sin necesidad de artificios, es algo que se reconoce naturalmente. De la forma como esta estructurado estos programas televisivos se crea la confusión si es “lo suficientemente talentoso para destacar” o no, otorgamos un poder monstruoso a un solo punto de vista mediático sobre la vida de aquellos con aspiraciones artísticas serias, obligándolos a transitar un camino incierto cuyo requisito es aceptar la humillación o la adulancia de un jurado picaresco con intenciones dudosas.

No se puede tampoco incluir a todos lo programas televisivos de este tipo en la misma categoría, porque cada país tiene su visión particular del talento así como sus propias reglas para crear contenido televisivo; también influye la mentalidad del público y sus valores que son diferentes por país. El jurado escogido puede ser muy distinto, porque no todos los que se sientan a evaluar a un aspirante comparte el implementar la humillación para hacer exitoso un programa o son escogidos por tener una trayectoria artística reconocida que garantiza un equilibrio.  En pocas palabras, seria ideal que el respeto fuera lo común en todos los países cuando se trata de este tipo de programas pero lamentablemente, hay sociedades que prefieren ignorar esto.

Para concluir se le debe recordar, una vez más, a la gente que el presente siglo es el más mediático de todos, la influencia del medio sobre el ambiente social es casi absoluta, por lo tanto, creer erróneamente que lo visto por la televisión –y posterior reproducción sin límites en la web-  se ve y se olvida en esta era es no admitir que se vive en este tiempo, es preferir ignorar un factor importante que modela nuestra percepción de la realidad e incluso puede afectar nuestra vida para bien o para mal.

Saque usted sus conclusiones.      

Pedro Felipe Marcano Salazar.

C1udadan0x.

Nota: recomiendo leer el artículo “El homo videns y la sociedad teledirigida” para  conocer más sobre la influencia de los medios en la sociedad.       

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

     

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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