Otra mirada al fenómeno de los zombis.

Los zombies pueden ser un antagonismo latente del ser humano-Google Images.

Sin explicación alguna, el interés por los muertos vivientes se ha reaparecido como lo fue en el siglo pasado; un género que ya parecía no tener más nada que contar ya  goza de una popularidad que envidiaría cualquier celebridad.  Abundante material satura las tiendas e Internet para satisfacer a miles de fanáticos de estos seres de ultratumba.

Sin embargo, más allá de ser un simple entretenimiento morboso para las masas, ¿los zombis no reflejan algo de nosotros como especie “civilizada”?. Lo primero que se observa en las “obras” protagonizadas por estos monstruos, es que su presencia pone en entredicho la fortaleza de nuestro mundo que creemos perfecto. La sociedad luce incompetente para contener su amenaza y sucumbe sin más, ni las armas más potentes o la ciencia pueden destruirlos hasta la “fe” en Dios no logra evitar la destrucción de la civilización y de nuestras rutinas como seres sociales.

 La incertidumbre y la supervivencia a cualquier costo terminan por sustituir el equilibrio y la racionalidad; una alegoría sobre el temor del hombre civilizado de perder todas sus conquistas históricas por medio de la creación de la sociedad. Sin ella, su significado trascendente y dominante del panorama global carece de sentido reduciéndolo a ser un habitante más de un mundo incompresible en igualdad de condiciones con otros seres vivientes, a quienes mediante el apoyo de la sociedad parecían fáciles de controlar. Al carecer de esa ayuda el hombre solo le queda su propio cuerpo e ingenio, ya no es ese “gigante imbatible” capaz de explicar el universo mediante la razón.

Los zombis también reflejan el subconsciente destructivo y contradictorio de las personas, a pesar de que los supervivientes se necesitan para evitar sucumbir, la misma angustia y perdida de identidad conspiran contra ellos. Los conflictos entre los miembros del grupo, reflejados en las luchas por el “liderazgo” o lo que es lo mismo por el “poder”, merman la confianza. La personalidad se trastoca, sin sociedad que marque límites, lo mejor y peor de cada uno se manifiesta revelando quién es realmente. Irónicamente, los supervivientes, a pesar de mostrarse tal como son se empeñan en seguir  “interpretando” sus antiguos roles sociales para preservar su identidad anterior a la hecatombe, como una máscara inútil con la cuál ocultar su verdadera naturaleza.

 La constante de violencia visceral y barbarismo no hace sino recordarnos que a pesar de ser seres racionales de incuestionable capacidades intelectuales, somos frágiles interiormente y preferimos reprimir cualquier anhelo o deseo que hagan tambalear nuestra cómoda rutina perfecta, nuestra “jaula de oro” existencial con la que protegernos de las incertidumbres de la vida; aspecto último reforzado por la sociedad para garantizar la cohesión de los individuos. Al desplomarse esta comodidad, nuestra indefensión es absoluta y reaccionamos…simplemente actuamos, emerge el instinto; se despierta una burda caricatura de nuestro pasado cavernario, que lentamente va disminuyendo la humanidad del superviviente. El humano mordido por un zombi, es una metáfora de la derrota de nuestra humanidad y el triunfo de la irracionalidad.

 Las historias de muertos vivientes también tienen influencias de dos movimientos artísticos: el romanticismo y el decadentismo, del primero se puede extraer la antipatía a la ciudad: la vida urbana es solo una monotonía sin sentido corroída por la corrupción y la deshumanización, una ilusión de la cuál no hay escapatoria. Sólo cambiando de ambiente, buscando un “mundo nuevo” encarnado en la vida campestre, lejos de las urbes, se podría conseguir un paliativo a las angustias vitales del ser humano. 

Los zombis surgen mayormente en las ciudades y destruyen todo a su paso, los supervivientes no tienen más opción que huir hacia el campo, no se libran del todo de la amenaza pero obtienen ciertas ventajas que en la ciudad, convertidas en una trampa mortal, no tendrían. Del segundo movimiento encontramos la estética oscura, sin vida, entornos abandonados que sucumben a la inclemencia del tiempo; los paisajes apocalípticos y anárquicos carentes de vitalidad dominados por una agonía interminable es lo que queda del mundo del hombre civilizado después de la catástrofe.

 Encontramos en este género un vector para comunicar el descontento hacia la sociedad y las miserias humanas, a través de las peripecias de los supervivientes enfrentados al hostigamiento de los no muertos se pueden notar la ceguera en que vivimos inmersos, nuestra afán de permanecer dominando un espacio en el mundo, por insignificante que parezca, nos lleva al desastre. Refleja la alienación de las masas y como estas terminan siendo perniciosas hasta para el mundo que las mantiene “ordenadas”; la confusión individual cuando ya nada tiene sentido y los conflictos de intereses entre seres humanos muestra nuestras flaquezas, los valores morales heredados por la educación se diluyen por circunstancias que nos superan y el barbarismo se adopta como guía en medio del caos.

 Finalmente, tanto zombis como humanos evidencian la excesiva dependencia de ambos hacia la sociedad, símbolo también del materialismo que destruye la autenticidad individual sumergiéndonos en la vaciedad. Nadie en un mundo caótico, sin futuro ni rumbo, avanza hacia un destino superior hundiendo a ambos en la nada. Los zombis no cesan de cazar y comerse a los vivos, para mantener en funcionamiento sus cuerpos, su existencia es una monótona búsqueda de alimento y de vagar sin rumbo.

Por lo que respecta a los supervivientes, estos viven perseguidos por una amenaza que los enloquece, una desesperante lucha por permanecer en un mundo que no dominan ni entienden. Ni siquiera el hecho de poseer inteligencia y organización les impiden no sentirse parias, teniendo una existencia amarga donde no hay metas ni objetivos, ni motivos para vivir más allá de los que conocen. La añoranza de una “vida normal” hace que, finalmente claudiquen.

Saque usted sus conclusiones.      

Pedro Felipe Marcano Salazar.

C1udadan0x.

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