Month: June 2013

A propósito de los programas de talentos.

El manejo irresponsable de los programas de talentos puede destruir la moral de una persona-Google Images

Los llamados programas de talentos tienen como meta encontrar a aquellas personas con un don único que los hagan destacados, en una hipotética profesión artística. Millones de personas en cuya ciudad se presenten algunos de los “jueces caza talentos”, acuden a demostrar sus habilidades para satisfacer sus deseos personales de reconocimiento, fama y ¿por qué no? de labrarse un camino como artista; estos participantes suelen pasar largas horas soportante incomodidades con el fin de lograr ser aceptados para llegar al gran público… salir de ese anonimato que representa una vida ordinaria.

 En pocas palabras, quienes participan van en busca de dar un giro radical a sus vidas; la maquinaria mediática hará el resto, solo hay que convencer al jurado de que se es el “prodigio” a descubrir. Pero, ¿se podría encontrar algo negativo en estos programas? en este punto, lamentablemente, se tiene que responder afirmativamente. Es muy frecuente que en algunos de estos programas los jueces no tengan el respeto debido con los aspirantes ni menos con los que ellos aceptan como participantes; es común que a los primeros si no tienen talento se les desprecie de forma denigrante y más sí estos no encajan en los sofocantes cánones de belleza.

 Los jueces alegan ser “imparciales y objetivos” se escudan en que sus decisiones son personales ajustadas a lo exigido por el programa, esto se acepta siempre y cuando no se humillen a los demás, más aún cuando millones de televidentes ven el programa y se hacen una idea de que tipo de persona es quién participa. Concientes de eso, los jueces abusan de su poder para etiquetar irrespetuosamente a quién no aceptan, se burlan de ellos, menosprecian sus habilidades y por supuesto el público se une mediante las redes sociales o páginas como You Tube para destruir la moral de un aspirante rechazado. Parece entonces que humillar es “bueno”, proporciona raiting y el público esta  contento.

 ¿Y a los aspirantes que son aceptados les va mejor? depende en gran medida que tan buenos son para convencer al jurado, el público si bien influye, no decide. Si algún participante gana la aprobación del público, no así del jurado son ellos los que disponen. Pueden crearse controversias absurdas sobre si un participante tiene o no talento, se harán campañas para apoyarlo, el público coaccionara al jurado empleando todos los recursos, empero esa polémica es parte del espectáculo ni siquiera responde a los criterios “objetivos e imparciales” de los jueces, lo que importa es crear el suficiente dramatismo para volver interesante el programa, tratan que el público crea que esta en una “reñida competencia” entre “grandes talentos”,  como si fuera una teleserie en vez de un programa de talentos.

En estos programas no es del todo cierto que el público es el que decide, se utiliza para medir tendencias de popularidad de un participante y en función de ello se dispone según los intereses de los productores, de forma que encaje en el aspecto dramático construido a lo largo del programa. El jurado, por otro, lado debe evaluar la situación en función a lo anterior y aprobar a quienes encajan en ese perfil casi novelesco, de intensiones épicas por conquistar el cetro del éxito para hacer atractivo el programa. El jurado hasta podría acusársele de secuestrar la voluntad tanto del público como de los participantes, solo se valen del esfuerzo ajeno para satisfacer a intereses superiores a quienes disfrazan de “ser el público” apoltronados en sus sillones.

Ya visto como es el funcionamiento de estos programas, identificando las aristas más evidentes de estos ¿que consecuencias podrían notarse en la sociedad?, lo primero es la pérdida del respeto, con un jurado humillando a los aspirantes no es de extrañar que ellos u otros parecidos sean objetos de burlas por parte de las demás en la cotidianidad; se acrecienta la brecha entre las personas y la convivencia sana que debe existir en una sociedad civilizada se diluye. Las vejaciones televisadas refuerzan ese absurdo mito popular de que “existe un mundo de ganadores y perdedores”; los así denominados “perdedores” no tienen espacio para el éxito por que son “débiles” y la humillación es la manera de recodarle al “perdedor” que es un incapaz sin posibilidad.

El concepto de talento se desdibuja, se supone que tener un talento es algo único que posee cada persona y la distingue de los demás, no es impuesto por fuerzas externas. El talento resalta por si mismo, sin necesidad de artificios, es algo que se reconoce naturalmente. De la forma como esta estructurado estos programas televisivos se crea la confusión si es “lo suficientemente talentoso para destacar” o no, otorgamos un poder monstruoso a un solo punto de vista mediático sobre la vida de aquellos con aspiraciones artísticas serias, obligándolos a transitar un camino incierto cuyo requisito es aceptar la humillación o la adulancia de un jurado picaresco con intenciones dudosas.

No se puede tampoco incluir a todos lo programas televisivos de este tipo en la misma categoría, porque cada país tiene su visión particular del talento así como sus propias reglas para crear contenido televisivo; también influye la mentalidad del público y sus valores que son diferentes por país. El jurado escogido puede ser muy distinto, porque no todos los que se sientan a evaluar a un aspirante comparte el implementar la humillación para hacer exitoso un programa o son escogidos por tener una trayectoria artística reconocida que garantiza un equilibrio.  En pocas palabras, seria ideal que el respeto fuera lo común en todos los países cuando se trata de este tipo de programas pero lamentablemente, hay sociedades que prefieren ignorar esto.

Para concluir se le debe recordar, una vez más, a la gente que el presente siglo es el más mediático de todos, la influencia del medio sobre el ambiente social es casi absoluta, por lo tanto, creer erróneamente que lo visto por la televisión –y posterior reproducción sin límites en la web-  se ve y se olvida en esta era es no admitir que se vive en este tiempo, es preferir ignorar un factor importante que modela nuestra percepción de la realidad e incluso puede afectar nuestra vida para bien o para mal.

Saque usted sus conclusiones.      

Pedro Felipe Marcano Salazar.

C1udadan0x.

Nota: recomiendo leer el artículo “El homo videns y la sociedad teledirigida” para  conocer más sobre la influencia de los medios en la sociedad.       

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

     

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Otra mirada al fenómeno de los zombis.

Los zombies pueden ser un antagonismo latente del ser humano-Google Images.

Sin explicación alguna, el interés por los muertos vivientes se ha reaparecido como lo fue en el siglo pasado; un género que ya parecía no tener más nada que contar ya  goza de una popularidad que envidiaría cualquier celebridad.  Abundante material satura las tiendas e Internet para satisfacer a miles de fanáticos de estos seres de ultratumba.

Sin embargo, más allá de ser un simple entretenimiento morboso para las masas, ¿los zombis no reflejan algo de nosotros como especie “civilizada”?. Lo primero que se observa en las “obras” protagonizadas por estos monstruos, es que su presencia pone en entredicho la fortaleza de nuestro mundo que creemos perfecto. La sociedad luce incompetente para contener su amenaza y sucumbe sin más, ni las armas más potentes o la ciencia pueden destruirlos hasta la “fe” en Dios no logra evitar la destrucción de la civilización y de nuestras rutinas como seres sociales.

 La incertidumbre y la supervivencia a cualquier costo terminan por sustituir el equilibrio y la racionalidad; una alegoría sobre el temor del hombre civilizado de perder todas sus conquistas históricas por medio de la creación de la sociedad. Sin ella, su significado trascendente y dominante del panorama global carece de sentido reduciéndolo a ser un habitante más de un mundo incompresible en igualdad de condiciones con otros seres vivientes, a quienes mediante el apoyo de la sociedad parecían fáciles de controlar. Al carecer de esa ayuda el hombre solo le queda su propio cuerpo e ingenio, ya no es ese “gigante imbatible” capaz de explicar el universo mediante la razón.

Los zombis también reflejan el subconsciente destructivo y contradictorio de las personas, a pesar de que los supervivientes se necesitan para evitar sucumbir, la misma angustia y perdida de identidad conspiran contra ellos. Los conflictos entre los miembros del grupo, reflejados en las luchas por el “liderazgo” o lo que es lo mismo por el “poder”, merman la confianza. La personalidad se trastoca, sin sociedad que marque límites, lo mejor y peor de cada uno se manifiesta revelando quién es realmente. Irónicamente, los supervivientes, a pesar de mostrarse tal como son se empeñan en seguir  “interpretando” sus antiguos roles sociales para preservar su identidad anterior a la hecatombe, como una máscara inútil con la cuál ocultar su verdadera naturaleza.

 La constante de violencia visceral y barbarismo no hace sino recordarnos que a pesar de ser seres racionales de incuestionable capacidades intelectuales, somos frágiles interiormente y preferimos reprimir cualquier anhelo o deseo que hagan tambalear nuestra cómoda rutina perfecta, nuestra “jaula de oro” existencial con la que protegernos de las incertidumbres de la vida; aspecto último reforzado por la sociedad para garantizar la cohesión de los individuos. Al desplomarse esta comodidad, nuestra indefensión es absoluta y reaccionamos…simplemente actuamos, emerge el instinto; se despierta una burda caricatura de nuestro pasado cavernario, que lentamente va disminuyendo la humanidad del superviviente. El humano mordido por un zombi, es una metáfora de la derrota de nuestra humanidad y el triunfo de la irracionalidad.

 Las historias de muertos vivientes también tienen influencias de dos movimientos artísticos: el romanticismo y el decadentismo, del primero se puede extraer la antipatía a la ciudad: la vida urbana es solo una monotonía sin sentido corroída por la corrupción y la deshumanización, una ilusión de la cuál no hay escapatoria. Sólo cambiando de ambiente, buscando un “mundo nuevo” encarnado en la vida campestre, lejos de las urbes, se podría conseguir un paliativo a las angustias vitales del ser humano. 

Los zombis surgen mayormente en las ciudades y destruyen todo a su paso, los supervivientes no tienen más opción que huir hacia el campo, no se libran del todo de la amenaza pero obtienen ciertas ventajas que en la ciudad, convertidas en una trampa mortal, no tendrían. Del segundo movimiento encontramos la estética oscura, sin vida, entornos abandonados que sucumben a la inclemencia del tiempo; los paisajes apocalípticos y anárquicos carentes de vitalidad dominados por una agonía interminable es lo que queda del mundo del hombre civilizado después de la catástrofe.

 Encontramos en este género un vector para comunicar el descontento hacia la sociedad y las miserias humanas, a través de las peripecias de los supervivientes enfrentados al hostigamiento de los no muertos se pueden notar la ceguera en que vivimos inmersos, nuestra afán de permanecer dominando un espacio en el mundo, por insignificante que parezca, nos lleva al desastre. Refleja la alienación de las masas y como estas terminan siendo perniciosas hasta para el mundo que las mantiene “ordenadas”; la confusión individual cuando ya nada tiene sentido y los conflictos de intereses entre seres humanos muestra nuestras flaquezas, los valores morales heredados por la educación se diluyen por circunstancias que nos superan y el barbarismo se adopta como guía en medio del caos.

 Finalmente, tanto zombis como humanos evidencian la excesiva dependencia de ambos hacia la sociedad, símbolo también del materialismo que destruye la autenticidad individual sumergiéndonos en la vaciedad. Nadie en un mundo caótico, sin futuro ni rumbo, avanza hacia un destino superior hundiendo a ambos en la nada. Los zombis no cesan de cazar y comerse a los vivos, para mantener en funcionamiento sus cuerpos, su existencia es una monótona búsqueda de alimento y de vagar sin rumbo.

Por lo que respecta a los supervivientes, estos viven perseguidos por una amenaza que los enloquece, una desesperante lucha por permanecer en un mundo que no dominan ni entienden. Ni siquiera el hecho de poseer inteligencia y organización les impiden no sentirse parias, teniendo una existencia amarga donde no hay metas ni objetivos, ni motivos para vivir más allá de los que conocen. La añoranza de una “vida normal” hace que, finalmente claudiquen.

Saque usted sus conclusiones.      

Pedro Felipe Marcano Salazar.

C1udadan0x.

La industria de la tecnología se devora a si misma.

La industria tecnológica presenta profundas contradicciones- Google Images

El mercado actual de la tecnología no es comparable al de otras épocas, es más acelerado y todo lo que creíamos “nuevo” ya es obsoleto en un parpadeo; sin embargo, esa velocidad termina por sofocar a la misma industria y a aquellos que quieren competir en ese mercado.

 Los emprendedores, tan socorridos en esta crisis mundial, si bien son tomados en cuenta con sus ideas y propuestas, no pueden por mucho tiempo tener un espacio propio en este mundo, motivado a la competencia de compañías ya consagradas quienes prefieren comprar invenciones ajenas para garantizarse una posición ventajosa en un nicho del mercado a costa de retener a los clientes ya conquistados por estas innovaciones; la “gloria” se la llevan la compañía mientras el creador termina pasando a segundo plano, pero bien pagado.

 Al final del ciclo, todos los dependientes de estas creaciones terminamos por confluir en el mismo ecosistema de las compañías y aceptar sus políticas, aún cuando no estemos de acuerdo con ello. Esto de por sí no es malo, porque el creador puede disponer de sus inventos como desee, pero se va creando una centralización excesiva que con el tiempo terminará siendo perjudicial para quien quiera un camino distinto: a corto plazo si usted crea e innova y no tiene amparo de alguna compañía influyente, con interés de desarrollarse de forma independiente o con colaboración de otros pero manteniendo el “control sobre la obra”, es probable que se quede al margen y sea sofocado.

 ¿Entonces se podría hablar de un monopolio?, en parte si. Es el monopolio de las oportunidades y de las ideas, algo quizá no contemplado en las leyes por que es ya una rutina que se ha camuflado bien. Se confunde la compra de determinada innovación con una anexión de potenciales nuevos clientes que beneficiarían al comprador, no tanto al creador o a sus adeptos. No hablemos de beneficios económicos, sino que el cliente se encuentra yendo a los mismos sitios, solo que con una imagen distinta.

Vemos así, que la tecnología es dominada por unos pocos. La participación se limita a las posibilidades brindadas por los “nuevos dueños” y siempre queda la sensación de “ya no es como antes”. Muchos clientes quizá vean con resignación o con beneplácito esto porque se cree que la innovación será mejor con el apoyo de más capital y personal, otros en cambio no lo ven así y siempre se puede encontrar la posición extremista de “todo es por dinero”. Queda la duda de sí se innova por gusto o por fama; queda la sensación de que no será necesario buscar en otra parte porque los ya consagrados lo “inventaron”.

 Los más férreos opositores a esta costumbre hecha práctica, plantean opciones que igualmente resultan positivas y equilibran la situación: tenemos los freelancers, el crownfunding, las licencias Creative Commos, el Software Libre, el movimiento Open Source, el cooperativismo de programadores, la participación comunitaria en cuanto a la tecnología….muchos de estas iniciativas, ya son unas más conocidas que otras, están haciéndose un espacio. Han logrado la simpatía, incluso de grandes compañías, y han sido capaces de ser un fuerte competidor para empresas con muchos recursos: el mejor ejemplo esta en el equilibrio de fuerzas que tuvo la suite ofimática de Microsoft con su par de código abierto Open Office; la situación se repite con otro competir, también de código abierto, Libre Office quien con la actual crisis económica esta ganando mucho terreno.

Cierro la siguiente entrada con un fragmento extraído del artículo  “Cinco ideas desde las que pensar la tecnología hoy”, cortesía del sitio web eldiario.es:

“Hemos glorificado la innovación como el factor determinante para el desarrollo, la única vía de forjar un modelo de crecimiento no especulativo. Sin embargo, la innovación tecnológica que posibilita disrupciones en múltiples industrias no es moral ni políticamente neutral. Cada vez son más las voces que avisan, por ejemplo, de que la industria tecnológica está siendo uno de los factores claves en el desaforado crecimiento de la desigualdad a lo largo de las últimas tres décadas, fomentando que se concentre una cantidad de capital cada vez mayor en un número menor de manos. No hay mejor ilustración de esto que los mil millones de dólares que Facebook empleó en comprar Instagram, una compañía con trece empleados.”

 Saque usted sus conclusiones.      

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x.