La metamorfosis en la ciencia ficción.

 

 

 

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El rápido avance tecnológico plantea inquietantes posibilidades-PFMS-Start Page Images.

En los hipotéticos futuros ideados por la ciencia ficción se plantea una interrogante: ¿cómo el progreso científico y tecnológico cambiará a la humanidad?; la mayoría de los autores hablan de cambios drásticos que afectan el cuerpo y la mente del ser humano, que si bien pueden mejorar nuestra calidad de vida, también pueden acarrear consecuencias negativas para el desarrollo normal de la identidad del individuo.

Las sociedades llegan a dividirse en posiciones irreconciliables cuando estos cambios se vuelven habituales y la conflictividad social producida pone en duda los beneficios de dichos cambios. Frecuentemente la ética y la moral suelen enfrentarse a intereses mezquinos que quieren monopolizar el progreso humano para su beneficio, o la misma ciudadanía recela de él por el mal uso que se le da y exige más controles que podrían prevenirlo, aunque a veces afecte el avance obtenido.

Sea como fuere, lo inevitable es la transformación que experimenta la humanidad por el progreso, su hábitat artificial ya no concibe una realidad estática, el dinamismo social se acelera a niveles que escapan del control de la especie. Nuestro mundo no se identifica con el humano universal sino con uno artificial, mejorado y amplificado por la ciencia, dejando atrás las limitaciones de la biología que sirvió al hombre en su evolución. Los seres humanos dejamos nuestra fragilidad natural para convertirnos en “dioses” capaces de lograr grandes prodigios o tragedias, según la consideración personal de los autores de ciencia ficción. Sin embargo, existen individualidades renuentes a aceptar lo que creen es, una imposición de una humanidad cegada por su propio avance, es decir, son opositores a dejar alterar su biología entregada por la lógica de la Madre Naturaleza.

Estos individuos, que podríamos considerar naturalistas o universalistas, piensan que el ser humano debe estar por encima del determinismo científico y tecnológico sin perder su papel central en la historia ni su vínculo con la naturaleza. Consideran que la especie humana está gravemente alienada por su propio avance que la conduce a una era decadente y materialista. En ocasiones ésta tendencia tiende a radicalizarse, recurriendo a la violencia y creando una dialéctica con tintes místicos que reniega de la “máquina” -la ciencia, el sistema social, el orden- porque consideran que controla el destino humano sin permitirle escoger libremente.

Su discurso cuestiona las presiones que sufren los individuos por causa de las tendencias sociales que le impiden ejercer su libre albedrío. Estos grupos a veces cambian su postura intransigente, aliándose temporalmente con el sistema que cuestionan, para enfrentar a otros individuos “mejorados” que aceptan los cambios de la sociedad, pero exigen participar en ella porque se sienten marginados. La tendencia común de estos humanos naturalistas es que siempre viven de forma paralela a la sociedad.

Del otro extremo se encuentran los que aceptan el progreso con sus virtudes y defectos, son la realidad dominante que aunque tengan sus críticos, no deja de crecer. La humanidad tecnificada goza de los beneficios del desarrollo científico, viven en sociedades avasallantes, eficientes y contradictorias. En ocasiones suelen estar dominadas por grupos de poder monolíticos o gobiernos con tendencias poco transparentes, empero los seres humanos influenciados por éste entorno no creen que exista una realidad ajena a la tecnología ni creen que una civilización progrese sin la técnica. Han normalizado el ambiente artificial y reglamentado de las sociedades modernas, hasta el punto que únicamente se identifican con ella.

Los individuos que viven en ella lidian con dilemas propios de un entorno que no deja de cambiar aceleradamente: la sensación de vaciedad, la curiosidad que le produce las posibilidades de los adelantos técnicos, la falta de identidad, la incomunicación, los dilemas éticos, morales y filosóficos de la modificación del cuerpo humano y la dudas existenciales. De este entorno, surgen individuos –cyborgs, mutantes, transhumanos– que sirven como metáforas de la complejidad interior con la que se tienen que lidiar en la era moderna porque, si bien su vida ya no se encuentra sujeta a los límites de la biología, sienten que han perdido algo por lo que se embarcan en un viaje metafísico para resolver sus dudas.

La mayoría de las obras ciencia ficción plantean que la metamorfosis del ser humano es un proceso inevitable, con sus aciertos y errores. Nada puede reprimir eternamente los impulsos creativos de la humanidad, su deseo de liberarse de los límites que le impone su fragilidad corporal y vencer los temores que le acompañan como especie gracias al poder de su ingenio. Pareciera que es un reto personal dominar hasta el último aspecto de la vida con tal de surgir como un dios y alcanzar nuevos horizontes que le responda sus interrogantes, sin embargo, si logra ese objetivo ¿qué pasará después?, ¿qué camino tomará?, ¿será el fin de nuestra especie o un nuevo comienzo?

Los opuestos a la metamorfosis y sus adeptos pueden parecernos posiciones irreconciliables, empero ambas posturas tienen puntos en común: el temor a perder lo que nos hace humanos por el rápido cambio tecnológico aún cuando no logran definir ¿qué es lo que nos hace humanos, únicos y especiales?; ninguna de las posturas tienen una respuesta clara, más bien su definición es algo subjetivo, no social. Los opositores reivindican lo natural ante lo artificial, olvidando que desde el primer momento donde los hombres se asociaron para lograr metas comunes y formaron una sociedad, lo artificialidad es lo dominante, nada de lo que funcione en sociedad es obra de la Madre Naturaleza sino de la mente humana, así que su organización también lo es.

Lo realmente opuesto a lo artificial, sucedería si la humanidad renunciase a su creatividad y pensamiento, limitándose a existir para sobrevivir, a competir con otras especies en el domino de un espacio vital y a rivalizar con sus semejantes por los recursos más elementales. Tendría la especie que atrofiarse en su desarrollo civilizatorio de forma definitiva y someterse a los dictámenes de la Madre Naturaleza.

La causa del conflicto entre los opositores de la metamorfosis y sus adeptos radica en, la capacidad de adaptarse a una sociedad en constante cambio, que muchas veces termina por rebasar al individuo quien considera afectado su modo de vida. Un aspecto ignorado por ambas posiciones es que, en el camino de la metamorfosis podrían surgir transformaciones accidentales -epidemias, accidentes industriales, contaminación, experimentos científicos que superan lo previsto-, factores que influyen en la especie humana y la transforma radicalmente sin que pueda contenerse, dichos cambios son imprevistos y muchas veces ajenos a su voluntad.

Muchas obras contemplan que estos factores pueden ser más poderosos que la voluntad humana, atribuyéndoles un papel nefasto, siendo frecuente los futuros donde la humanidad conocida sucumbe ante ellos y surge una nueva sociedad con individuos quiméricos. Dichos individuos conciben la humanidad anterior a la metamorfosis como lejana, extraña. En otras ocasiones la humanidad sobrevive, pero en condiciones muy difíciles, al mismo tiempo que combate a individuos barbáricos que han sufrido cambios físicos y mentales que les ha privado de la razón. Pero la metamorfosis en un escenario como éste, no necesariamente significa progreso, sino degeneración, la especie vive acosada por una amenaza exótica que parte del mismo ser humano.

Otro camino de la metamorfosis es simbólico: la humanidad progresa de forma acelerada sin embargo, los cambios físicos no son relevantes sino se toman en cuenta los mentales. La observación cuidadosa de cómo la mente humana se adapta o rechaza un entorno cambiante, los sentimientos de individuos que tratan de conocer otras fronteras de la realidad física ante el tedio que representa la rutina urbana o cómo evoluciona su identidad al interactuar con realidades virtuales.

Tratar la metamorfosis mental es más complejo, ya que es necesario el símbolo para representar cómo es la psiquis del individuo y con qué lo asocia. El inicio de los cambios es un viaje inmaterial al interior del individuo, quedando descartado lo externo o las personas del entorno. La motivación más frecuente es la búsqueda de una identidad, el querer librarse de la vaciedad que siente frente a un entorno que percibe como ajeno.

Una vez que empieza el viaje, no hay manera de detenerlo, ya que nace en el individuo nuevas sensaciones que desea experimentar, provocando cambios drásticos en su conducta y modo de vida. La experiencia afecta la interpretación que tiene de sí mismo; cambios que le dejan interrogantes: ¿el proceso es real?, ¿el individuo se está liberando o encerrando en sí mismo?, ¿no será todo una aguda expresión de alienación?

La falta de evidencia física que compruebe si lo que experimenta el individuo es real o fruto de una autosugestión profunda, dificulta comprender su punto de vista, quedando a libre interpretación la experiencia.

A pesar de los apoyos y oposiciones lo cierto es que, una nueva humanidad está surgiendo de tantas transformaciones originadas por la influencia de la ciencia y la tecnología…

Cuál será su rumbo es algo que no podemos conocer hasta vivirlo.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

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¿Por qué atraen los antihéroes?

 

 

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El antihéroe vive en un submundo social donde impera el mal-PFMS-Lukol.com

 

 

La figura del héroe está en una etapa de desgaste, la gente perdió la fe en ellos en la medida en que los grandes ideales y valores morales fueron siendo reemplazados por un pragmatismo que exige eficiencia y planeación; no acciones impulsivas ni individualistas que le dieran protagonismo a un individuo considerado excepcional. La moral y la ética no han desaparecido, sino que han tenido que adaptarse a una sociedad preocupada por los excesos de la enorme rapidez con que avanza, alejándose de las utopías. Urgida de encontrar normas adecuadas que puedan acoplarse a la inmediatez con que se desarrolla el siglo actual.

No generan interés las figuras magnificas que encarnan unos ideales, porque el discurso altruista llamando a la unión de la humanidad cayó en el desgaste, fue secuestrado por intereses mezquinos de unos pocos y no se percibe resultados concretos en esas aspiraciones de un mundo idealizado, de una sociedad en que todos los seres humanos puedan vivir como iguales. Los héroes han caído. Ya no son modelos atractivos en que la gente depositaba sus esperanzas.

Ante el vacío de no tener una figura que encarne un ideal, la falta de un discurso y una praxis que permita alcanzar una meta superior a la misma obra humana sobre la Tierra, la constante dependencia de grupos reducidos de especialistas, quienes puedan resolver los conflictos y necesidades de la sociedad, así como la celeridad de la dinámica moderna, provoca que algunos individuos confundidos se sientan “perdidos” porque creen que las historias sobre hazañas inspiradoras fueron una mentira. Interpretan que no hay héroes a quienes recurrir, pero si intereses que satisfacer sin importar el medio para lograrlo.

Estos individuos se identifican con el arquetipo del antihéroe para quien no existe ni el bien ni el mal, sino el medio más práctico que permita lograr un objetivo -así sea el más inmoral- satisfaciendo su necesidad de hacer algo que cree extraordinario incluso sin motivo alguno, e involucrarse en cualquier situación difícil no para resolverlas de la manera más ingeniosa sino para obtener un beneficio concreto. El antihéroe atrae porque actúa al margen de todo, llega a los extremos de la miserableza humana, que también puede resultar atractivo para personas resentidas o que ceden en la búsqueda de nuevos placeres; tiene un ego muy grande y lo único que le importa son sus propias necesidades, empero es un personaje lamentable porque nunca sienten una satisfacción plena sin hacer daño.

Al antihéroe le motiva el interés no un ideal, cree que la ley no aplica para él y es hábil para negociar su situación legal de manera que pueda evadirla tratando de convencer a las autoridades de que él puede entrar donde los otros no. A veces logra acuerdos con la autoridad y obtienen beneficios, no obstante su naturaleza anarquista hace que siempre sea perseguido. Se rigen por un “código moral” que cumple a medias, porque su desprecio a las normas les hace desconfiar de él, dado que vive en inframundos sociales donde imperan el mal y el vicio.

Tiende en ocasiones a tratar de redimirse de sus faltas, fracasando en la mayoría de las veces porque su naturaleza egoísta lo vuelve incorregible. Ha perdido la fe en todo lo bueno de su humanidad estando vacío, disconforme con el mundo sin conocer la causa de ello. Para el antihéroe su interpretación de la libertad es que pueda actuar como quiera, sin meditar si lo que hacen es correcto o no, en vivir al margen de la sociedad y atentar contra ella, hostilizar contra lo que significa orden. Se regodea con la anarquía y la venganza.

Los individuos disconformes encuentran en el antihéroe una excusa con la cual desconfiar de su propia bondad, de cuestionar sin argumentos sólidos los valores humanos y renunciar a su identidad original para convertirse en quimeras humanas, amparándose en circunstancias exóticas para optar por actuar de una manera opaca. Les seduce el Complejo de Víctima que desarrolla el antihéroe como falso argumento para justificarse porque entiende que el ser así es algo circunstancial, no por decisión propia. Sin embargo, el antihéroe es un hábil manipulador, experto en exagerar la historia de su vida con tal de recibir la aprobación de los otros, un charlatán individualista que convenientemente trata de eximirse de sus culpas, acusando a sucesos extraordinarios ajenos a su voluntad.

A estos individuos disconformes, les atrae el comportamiento miserable e inhumano del antihéroe, la falta de conciencia de sus actos, de claridad mental que le permita decidir cuál camino tomar en la vida, el desprecio que siente a tener una conducta decente prefiriendo, en cambio, la vulgaridad. No tiene remordimiento ni culpa porque lo que hace le parece acorde con lo que quiere: una vida sin límites, ni moral, ni ética y leyes que sancionen sus delitos, se ha autoexcluido de la sociedad así que ésta no tiene porqué ocuparse por él.

El no sentirse incluidos es un problema interno con el que el antihéroe no sabe cómo manejar, evadiendo este conflicto viviendo como un nómada, buscando aventuras y retos para alcanzar cierta satisfacción.

El antihéroe puede representar en algún momento, los dilemas que enfrentan aquellas personas decepcionadas de la vida, de los valores humanos y frustradas que prefieren desarraigarse que integrarse e intentar reconciliarse con los demás para hacer la diferencia y corregir las cosas que sean necesarias. Optan por refugiarse en la autodestrucción, la aventura y la búsqueda de su propio placer, desdeñando de los otros; piensan que no forma parte de la humanidad y esa es suficiente razón para crear un inframundo en el cuál vivir.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

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Análisis de un villano.

 

 

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Popularmente, el villano es una persona maléfica-PFMS-Star Page Images

El villano es, un personaje maléfico dotado de un genio muy peculiar, es un personaje antagónico que tiende a tener una relación muy personal con el héroe, desarrollándose una co-dependencia psicológica entre ellos. Representa una metáfora sobre la rivalidad entre el bien y el mal, la dualidad que mantiene al ser humano en constante confrontación con sí mismo, haciéndole reflexionar sobre su propia condición ética y moral. Aunque no necesariamente algunos individuos son villanos, se tiende a atribuir ese rol a ciertas personas cuyas conductas nos parecen peligrosas o anormales, personas que toman decisiones drásticas que pueden no ser aprobadas por otros. También solemos considerar así, a quienes temen del talento de otros y tratan de imponer sus dogmas a los demás, aunque no sean efectivos.

Para la mayoría, el villano no tiene nada de humano, personifica la mayor irracionalidad concebible, a pesar de que no sufra ningún desequilibro psíquico evidente, pero sus ambiciones son exageradas, superan todos los límites y nunca declina en su empeño en satisfacerlas. Es un vivo ejemplo de cómo las carencias interiores que sufre un individuo a lo largo de su vida, terminan por corroerlo, considerando insignificante otras motivaciones distintas a las suyas. Su individualismo es peculiar, puede flexibilizarse para trabajar con otros pero siempre que éstos se amolden a sus metas. Para un villano los demás no son importantes, salvo para cumplir sus objetivos, siendo frecuente que no lamente la pérdida de un aliado.

Pocas veces el villano se da cuenta de lo errado de sus ambiciones y aunque se arrepintiera de sus actos, nunca renunciaría a su hábito de intrigar. Cree ciegamente que debe conquistar algo, una meta superior, un objetivo supremo que le dé sentido a sus esfuerzos, si no se sentirá vacío, volviéndolo irritable y extremadamente competitivo, porque piensa que los otros tratan de controlarlo.

No cree en otra cosa más que, en su propia ambición. Puede justificarla amparado en un ideal, una venganza o algún resentimiento hacia la sociedad, pero lo que realmente desea es sentirse superior a los demás, demostrar que los otros son inferiores porque no tienen su misma agudeza mental, volviéndose arrogante e insensible. Esa falta de empatía hacia sus semejantes lo torna frío, calculador, hipócrita, manipulador y hasta sádico, puesto que nunca piensa que sus acciones sean dañinas, sino que todas tienen un propósito superior y de las cuales hay un beneficiario -el villano-, quien lo merece, porque “es más listo que los otros que no piensan en grandes objetivos”.

Hay ocasiones en las que el villano no es una persona abiertamente maléfica sino que alguien toma una decisión considerada injusta o tiene una actitud retrograda, lo que lo hace ser considerado como tal. Consideramos que sus acciones son amorales o su conducta desagradable, por lo que nos resulta imposible no pensar que es un egoísta o un demente, nuestro juicio de la forma de ser de otro, crea un villano, a pesar de que no exista como tal. Sólo se trata de un desacuerdo de cómo otro entiende la realidad, mas eso no indica que sea un potencial villano, sin embargo para nuestro juicio lo es, porque creemos que coincide con ese rol; esa percepción crea villanos virtuales que ponen en duda nuestra interpretación de cómo nos relacionamos con otras personas.

Curiosamente la gente detesta al villano, mas no puede evitar sentir una morbosa curiosidad por conocerlos, idolatrarlos, hasta sentir simpatía por su “causa” llegando a justificarla. Desde hace algún tiempo se ha inculcado erróneamente que el villano es una encarnación del mal y como el ser humano no ha derrotado el mal, entonces él debe seguir existiendo hasta que el bien absoluto triunfe; estableciéndose como una utopía el alcanzar ese bien absoluto, porque pareciera que queremos seguir viviendo con el temor de la amenaza del villano, generando la ilusión de que el bien tiene que reafirmar su existencia sólo con la presencia del mal, encarnado en un villano.

El clima social actual promueve una atmósfera negativa que prevé un futuro nefasto para la humanidad, el concebir que pueda existir un compromiso auténtico con el bien nos resulta absurdo, por lo que se nos quiere convencer de que el villano es una “medida de control” para equilibrar el orden social -así como es necesario el bien lo es el mal-, siendo imposible escapar de ese dualismo.

Las ambigüedades morales, le permitan al villano tener cierta impunidad pero los resultados de sus acciones no escapan del juicio del bien y el mal; así que la sociedad está obligada a evitar que se desborde el mal, aunque tenga que recurrir a él para preservar el bien, es decir, “se vale consentir recurrir al mal sí se puede contener una amenaza mayor.”

Con ésta premisa se pretende justificar la imposibilidad de que en algún momento de la historia humana, el bien absoluto logre vencer el mal, que el ser humano se reivindique consigo mismo y construya un mundo realmente justo.

Por eso el mayor triunfo del villano y su permanencia en la cultura popular está en, que hemos dejado de creer en la candidez del bien.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

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El significado social del fantasma.

 

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El fantasma es una entidad vinculada popularmente a lo sobrenatural, a la vida después de la muerte y a las fuerzas del mal. Aunque no existen pruebas concretas sobre su presencia en el mundo físico, los seres humanos desean creer que hay algo más en la realidad circundante que todavía desconocemos; una certidumbre de que la vida no es nada más el mundo material que nos rodea. Para muchos, el fantasma no es ni siquiera de este mundo sino que es una entidad maléfica que atormenta a los vivos por placer como recordánles la transitoriedad de la vida humana en la Tierra o también la prueba de que tenemos un alma y que esta al morir, se libera del cuerpo.

Sin embargo, los diversos relatos sobre fantasmas han dado una imagen negativa de ellos los muestran como entes agresivos, de emociones bajas y con un fuerte complejo de territorialidad que les hace creer que los vivos son un peligro, mientras en su fuero interno viven acongojados por no encontrar su camino “hacia el otro mundo”. Pareciera que ellos no tuvieran pasado, sino un perpetuo presente del que no se pueden liberar, a menos que les muestren el camino pero ¿a donde conduce ese camino? Eso es algo que solo los fantasmas saben, por eso algunos tienen tanto interés en comprobar la existencia de mundos que convergen con el nuestro como evidencia de que la muerte no es tan terrible como creemos.

Pero el fantasma, así como tiene que lidiar con encontrar el camino “hacia el otro mundo”, también debe enfrentar la indiferencia de los vivos, de aquellos que no creen que existan, o que están tan concentrados en el mundo material que les resulta inconcebible que sea real; en este aspecto el fantasma actúa como una metáfora, sobre como la indiferencia social de las grandes urbes y de sociedades corrompidas termina por invisibilizar a los individuos.

Esa invisibilidad es un terrible peligro porque nos volvemos distantes de nuestros semejantes y las relaciones humanas se vuelven una monotonía, un tedio del que para escapar se recurre a artificios dañinos. El fantasma aparece en ocasiones para advertirnos de las consecuencias de no resolver situaciones pasadas que preferimos olvidar, aquellos asuntos pendientes que en su momento creímos superados pero que en realidad solo postergamos porque no nos sentimos en capacidad de solucionarlos. Por eso él aparece como un aviso que nos invita a enfrentar dichos asuntos antes de que dañe nuestro presente; dichos asuntos son comunes y humanos empero tienen onda resonancia en nuestras vidas.

Generalmente el fantasma tiene una imagen tenebrosa, triste y maligna, a veces se le ve aliado con seres destructivos que representan una amenaza para los seres humanos convirtiéndose en su sirviente o como catalizador para aumentar su poder gracias al aporte de su energía vital. Otras veces se le atribuye una imagen vengativa, como el azote de aquellos que obran mal o tienen culpas que no saben manejar, dedicándose a perseguirlos hasta enloquecerlos incluso ajusticiarlos para que “paguen penitencia” vagando como seres desencarnados en el mundo de los vivos o siendo enviados a mundos infernales.

Este ente representa el temor a la muerte pero, en la circunstancia donde el alma no descansa en paz quedando errante en el mundo físico sin poder reunirse con Dios, sin lograr resolver sus asuntos pendientes ni lograr comunicarse con quienes aprecia porque estos ignoran que todavía esta atrapado en el mundo físico.

Sin poder lograr resolver su situación, el alma se convierte en una entidad triste, ajena y perdida que queda atrapada en un ciclo donde se mezcla la realidad física -el presente- con los recuerdos del pasado para terminar siendo un fantasma.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

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El monstruo como azote de la humanidad.

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Los monstruos suelen ser vistos como peligrosos-PFMS-StartPage Images

La imagen más frecuente que se tiene de un monstruo es de un ser destructivo que amenaza la vida humana. Aunque los seres humanos pueden mostrarse indefensos e impotentes ante el empuje de esta criatura, estos no tienen otra opción que enfrentarla para poder sobrevivir; en ese el ingenio humano se impone ante la intimidante figura del monstruo hasta someterlo. Nunca claro porque esta criatura se ensaña tanto con los seres humanos y aunque se introduce motivaciones razonables o demasiado fantasiosas para justificar su conducta sigue siendo un misterio el porqué de su acoso.

El monstruo parece tener alguna fascinación extraña con el ser humano, como si en él existiera algo atractivo que le impide resistirse a irrumpir en su existencia y trastocar toda sus creencias, pero de forma destructiva; llega destrozando su obra (sus ciudades, rutinas, relaciones…), la seguridad que le brinda la sociedad y poniendo en duda su conocimiento de la realidad. Más que matar al ser humano trata de reafirmarse en su mundo, trata de cuestionar sus conceptos exponiendo su fragilidad porque la humanidad no sabe como lidiar contra algo que escapa de su entendimiento, empujándola a la supervivencia, la cual revela lo mejor y lo peor de si misma.

En las intenciones de cada monstruo pareciera que no existiera nada civilizado, solo irracionalidad y un irrefrenable impulso por destruir, o una eficiente capacidad de camuflarse en la monotonía de la cotidianidad para sorprender al ser humano. Quizá su mayor placer es obligarlo a que se haga consciente de una realidad distinta que linda entre la locura y lo fantástico como si considerara un juego el atormentarlo.

Para el ser humano un monstruo es una confirmación de que su parte maléfica no es exclusivo de él, existen criaturas que también están regidas por el bien y el mal aunque por conveniencia solo ve la parte maligna de ellas. Son pocas las ocasiones en donde el monstruo muestra su parte benigna y logra tocar la humanidad de las personas, confirmando que si una criatura es “peligrosa” para otros no es nada más por su decisión sino también por como lo miran los demás seres, porque el miedo a lo que no conocemos o a lo que no es común nos incapacita actuar equilibradamente. Esta tan arraigado el orden y la rutina, que nadie sabe como actuar ante algo que no se comprende en el momento.

La humanidad hasta parece tener una interpretación masoquista del monstruo, porque es más frecuente aceptar una imagen negativa de él, siempre le atribuye una función destructiva, de ser enemigo de su obra o de considerar molesta su presencia, sintiéndose con derecho de aniquilarla resaltándose que debido a su presencia la humanidad se ha estancado, ha perdido su papel protagónico en la Tierra y ha tenido que enfrentar la nada cómoda situación de ver su mundo -el orden social- derrumbarse. Contradictoriamente parte de la humanidad considera al monstruo como un castigo merecido porque cree que esta perdida y degenerada, el hombre arruinó la tarea de elevarse a si mismo construyendo una sociedad insostenible y amoral que debe ser aniquilada para que “despierte”.

Esa sensación de verse rodeado de un entorno social asfixiante, que sucumbe a la monotonía y las contradicciones e incapacita para actuar termina por convencerla de que es cómplice de un sistema miserable el cual no puede seguir existiendo; por ello, invoca inconscientemente a un monstruo como una forma de autocastigo y medio de falsa liberación ante la impotencia que carcome la bondad humana, esa incapacidad de comprender un mundo que no se parece a los valores que le han inculcado.

Los individuos interpretan que los valores languidecen frente a los intereses creados volviéndolos crueles y deseando una voluntad superior, -casi divina- que destroce lo que creen es la causa de todas las flaquezas humanas -la sociedad imperante- porque no consideran que la humanidad pueda reivindicarse, reaccionar a tiempo para reconciliarse consigo misma o lograr sinceramente acordar un gran proyecto de progreso común. Más bien, existe un convencimiento pleno de que un apocalipsis deseable será la única medida para detener lo que consideran un proceso irreversible de degeneración social.

El monstruo aparece invocado por esta necesidad psicológica de autocastigo creando un vínculo muy personal con el ser humano, porque el puede percibir dimensiones supramentales que le revelan el interior de cada uno, facultad que no esta evidente pero se infiere por la facilidad con que puede rastrear a sus víctimas. Empero el monstruo también representa no solo los temores arraigados del ser humano sino aquello que el mundo moderno es incapaz de aceptar: la bestialidad, un comportamiento que no conoce límites, no es capaz de negociar y se regocija del horror más obsceno, una forma de conducirse en la vida que parece no amilanarse ante cualquier medida represiva.

La bestialidad ha sido algo característico en la humanidad, la protagonista de episodios trágicos en la historia pero que nadie termina por reconocer que existe porque estamos tan absortos en que el pensamiento puede explicar todo que cuando nos sentimos incapaces de resolver un enigma de nuestros más bajos comportamientos, preferimos callar y negar su existencia; nuestra falta de referentes o pistas para resolver esta parte de nuestra conducta es algo que todo monstruo aprovecha para aventajar al ser humano reduciéndolo a ser una criatura indefensa, que pierde la fe en si mismo y puede ser sometida fácilmente.

Por ello la única forma de derrotar a un monstruo no es nada más enfrentándolo, sino evitando convertirse en uno si no se deja abierta la posibilidad de que otro venga a atormentar al ser humano dado que el monstruo puede percibir la bestialidad inherente de cada uno.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

@C1udadan0x

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Análisis de un Vigilante.

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El Vigilante surge de la descomposición social-PFMS-Start Page Images.

El Vigilante nace del desgaste social. La decepción profunda que tiene la ciudadanía hacia su entorno, le hace desear un individuo que le devuelva sentido a la existencia dentro de la urbe porque la vida en ella se ha tornado insoportable. La falta de justicia, la apatía de los ciudadanos de obrar bien y la excesiva acumulación de Poder en manos de unos pocos, terminan por socavar los cimientos de la sociedad y facilitar el ascenso de un Vigilante, quien regido por su propio concepto de justicia y métodos cuestionables pretende imponerla. No es un individuo fácil de reconocer porque parece una persona cualquiera, con las mismas preocupaciones e intereses de los demás y sumido en la misma impotencia de sentirse disgustado viendo como la corrupción se adueña de su entorno, sin que la autoridad pueda detenerla ni los hombres de bien exponerla.

Se atribuye el papel de ser el representante del interés colectivo, imponiendo una justicia en la que no importa los medios ni métodos para lograrlo, sembrado el terror entre los infractores y debilitando la influencia de quienes abusan del Poder. Sus acciones son temerarias y directas, pueden ser desastrosas para las autoridades quienes quedan en ridículo ante su osadía, mientras la ciudadanía apoya sus actuaciones, porque ha sido el único capaz de “hacer lo que todos quieren pero no se atreven”; a la interpretación de la ciudadanía ha logrado librarse de la impotencia y tomado acciones realmente contundentes contra el mal.

Es un individuo insatisfecho con su existencia, consciente de las debilidades que asechan en su entorno pero incapaz de mejorarlo con formas menos drásticas, prefiere enfrentar con sus propios medios a quienes considera enemigos de la paz social y desprenderse del temor a ser condenado por las leyes en las que no cree por resultar -a su juicio- ineficaces, ya que ante ellas siempre habrá desigualdad, serán los poderosos y pícaros los únicos que nadie se atreverá a tocar.

Amparado en esa interpretación de la realidad actúa al margen de la ley, siendo brutal e implacable, no importándole que tampoco mejorará la situación, porque si bien siembra el terror entre los individuos corrompidos, también aviva su resentimiento y deseo de hacer el mal; algo que olvida el Vigilante es que quienes delinquen lo hacen para satisfacer una necesidad personal y harán lo que sea para defender esta postura ante cualquiera, aun cuando sucumban ante el terror impuesto por el Vigilante, nunca olvidará “esa afrenta”; no porque haya tenido un momento de debilidad en donde se da cuenta que su poder y maldad no es capaz de corromperlo o destruirlo significa que acepte la derrota y se regenere, más bien le aviva el deseo de vengarse.

A pesar de ello el Vigilante trata de mantenerse en el imaginario colectivo como un símbolo de justicia, bastante peculiar porque se trata de una visión que invita al ciudadano a tomarse la justicia por sus propias manos si nota que las autoridades y los hombres de bien no son capaces de hacerle frente al mal, a librarse de la impotencia que sume al ciudadano que quiere que prevalezca el bien, pero no desea violar la ley. A su juicio la ley sirve de poco si ésta no logra ser cumplida, no tiene la influencia que invita al ciudadano a respetarla aunque sea tentado a violarla e interpreta a las autoridades como incompetentes para enfrentar al mal.

Los ciudadanos depositan su fe en él porque sienten que logran recuperar el sentido de hacer el bien aunque toleren que sus acciones sean opuestas y contrarias al orden, es un anarquista que se burla de la autoridad, pero sin aspirar a una utopía social sino moral que consiste en una lucha implacable contra el mal, a pesar de que se tenga que romper las leyes que tratan de garantizar la equidad dentro de la comunidad, incluyendo el derecho que tiene cada uno de defenderse ante un tribunal legítimamente constituido con la aprobación de los ciudadanos.

Para un Vigilante no existe un límite entre respetar la ley o romperla porque no se rige por ella sino por su propio “código moral”, que varía según su concepto de justicia, reduce la realidad a un maniqueísmo que impone “el bien más absoluto” o la aplicación de un severo castigo directo y sin derecho a defensa, a menos que el infractor se arrepienta sinceramente de sus actos o colabore con él revelando información de su interés. El bien debe prevalecer a como de lugar, incluso si es necesario usar el miedo y la violencia como medio para obligar a todos a practicarlo. El terrorismo psicológico es su arma más efectiva porque sugestiona a todos los ciudadanos de que él está en todas partes, conoce tus debilidades y crímenes así que mejor abstente de hacer el mal porque sino vendrá por ti.

Sus acciones a la larga terminan por paralizar a los ciudadanos quienes practicaran el bien por miedo, no porque les nazca un deseo profundo de no perjudicar a sus semejantes, hasta podría avivar otras formas de delinquir motivadas por ese sentimiento, ya que nadie querrá estar frente al Vigilante si éste se entera de que alguien cometió un delito. La autoridad queda inutilizada porque los ciudadanos no la sentirán necesaria, el Vigilante luce más eficaz porque “puede entrar a donde ella no puede” obligándola a considerar dos posibilidades: si persigue al Vigilante tendría que ser más implacable que él para demostrar ante la opinión pública que si es eficaz o tolerarlo y hasta hacer una alianza de conveniencia para luchar contra amenazas comunes.

La sociedad regida por la influencia del Vigilante no es libre ni justa, vive extorsionada con la idea de que si no hay alguien extraordinario que le diga cómo hacer el bien entonces nadie hará nada, se estanca en el mesianismo que inspira su figura y vive dependiendo de que no hay maneras legales de sancionar a los infractores, sino que debe recurrirse a alguien más severo para castigarles más aun si éstos tienen mucho poder. El que use el miedo para obligar a los demás a hacer el bien, es una forma también de coartar su libertad porque ser libre implica poder decidir sin temor alguno.

Al carecer de libre albedrío la sociedad será esclava del concepto del bien que tiene el Vigilante, jamás podrá tener un definición propia, será una comunidad sin identidad ni capacidad para actuar sin depender de su figura.

Ha divinizado a un individuo que sin su presencia todo se derrumbará. Ha engrandecido a un individuo retorcido y no han buscado una forma de hacer el bien como valor humano.

Saque usted sus conclusiones.

Pedro Felipe Marcano Salazar.

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